viernes, 4 de febrero de 2011

Entre Comillas.


Y no parar de reír. Y desear fotograma a fotograma haber participado en esa aventura. Todo lo que podría apetecerme se engloba en casi dos horas de película. Ahora, con una gran morriña por Comillas, por sentir la brisa del mar, el solecito en el puerto con olor a pescaito, el olor a verde subiendo por Monte Corona, pasear por el empedrado del Corro o perderme por la carretera hacia San Vicente, me resigno a quedarme aquí. Último esfuerzo. Casi sin ganas. Pero siempre sonriendo. En breves me dejo caer por allí de nuevo. Sin rodaje, sin R pero con muchas ganas. Es la cura a todos los males.

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